martes, marzo 02, 2010

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6 comentarios:

LaMáquinaInconexa dijo...

Un tipo de materialista, sin ética ni capacidad de raciocinio.

javi dijo...

La arquitectura y el urbanismo son artes de una enorme importancia y responsabilidad, no es como hacer dibujos o pinturas, que si no funcionan o no gustan en un determinado momento se 'aparcan', no, hablamos de algo que transforma la realidad, que 'queda ahí' nos guste o no, que determina maneras de vivir, ver y moverse... Una gran responsabilidad, como digo, que es la de facilitar y mejorar la vida de las personas, y también una gran tentación, de favorecer de paso intereses espurios del poder político o económico...

javi dijo...

(Vaya discursito me ha quedao, ¿eh? :)

LaMáquinaInconexa dijo...

...y certero, diría yo. :)

Para mí la libertad de pensamiento genera la vanguardia intelectual en las artes. Luego va expandiéndose en orden hacia el grueso de la sociedad civil y es en la política -siempre a la zaga de todo proceso liberalizador- el último espacio donde recala.

En todo sistema materialista, como en el que nos obligan a movernos a duras penas, la política es instrumentalizada para revertir el orden lógico de las cosas, dando lugar a ladrillazos como los de tu simpática viñeta.

Sólo en auténticos espacios de libre mercado desaparecerían, pues en tales no es necesario conceder a ningún títere poderes de intervención sobre los contratos privados, los únicos que respetan -debido a su propia naturaleza- los verdaderos valores humanistas.

En esa realidad nadie habría necesitado sobrevalorar mi M.. de piso. :(

javi dijo...

Uf, vaya tema... Precisamente el urbanismo es intervención, es programa por definición... En un sistema completamente desregulado, no existiría más que en una forma medieval, pues cada cual levantaría casas donde le pareciese, sin pensar en las consecuencias en el tráfico, por ejemplo... Y ese es el quid, que siendo fatalmente así, el peligro está en que sirva, y de hecho sirve, a intereses del poder...

Luego, como hablamos, está lo del Gran Timo de la Vivienda, que ha sido una mezcla perfecta de falsificación de principios socialistas y liberales, cogiendo de ambos lo que más podía beneficiar a la Banca y al Estado, nunca al ciudadano. Así, se vendía como libre mercado para el particular lo que no era sino ausencia de reglas, ello después de todo un proceso sin alternativa posible desde la venta del suelo hasta la entrega de llaves de 'reglas opacas'. Intervención para beneficiar no al conjunto de la sociedad, sino a la Administración, la Banca y particulares amigos, o sea, falso socialismo, y falso liberalismo (la libertad que queda entre la espada y la pared), esos fueron los mimbres con los que se urdió la gran trampa.

Y lo dejo, que me se me sube la sangre a la cabeza y tengo que currar. Un saludo!

LaMáquinaInconexa dijo...

Ok, a currar. Yo creo que el urbanismo sin intervención es posible, pero lo podemos retomar otro día...